02 julio 2009

La leyenda del Puig Campana

Todos los pueblos tienen leyendas y todas las leyendas tienen versiones. Os dejo aquí una, la del Puig Campana, la montaña que vigila Benidorm.



Érase una vez un caballero, que después de luchar en muchas batallas, llegó a Benidorm a descansar junto a su amada. A las faldas de la montaña más alta, en el barranco del Lliriet, decidieron construir su casa.

Un día, Alda se sintió muy enferma. Cansada y con fiebre parecía que sus dolores no encontraban remedio. Roldan decidió subir a la cumbre del Puig Campana en busca del sabio que allí habitaba, más cerca que nadie del sol y de las estrellas.

-Roldán, Roldán, no existe pócima, conjuro o hierba que pueda salvar a tu amada Alda. Vuelve junto a ella y dale tu amor, el único alivio que mitigará su dolor.

Pero el cariño del caballero Roldán no conseguía mejorar la salud de Alda, cada vez más pálida y frágil. Enfadado al ver que su amor no era la medicina que le curara como había dicho el viejo brujo, cogió a Durandarte, su vieja espada y subió a la montaña, para dar merecido castigo a quien pensaba le había engañado.

En lo alto de un peñasco apareció el brujo.

-Te esperaba Roldán, y comprendo tu enfado, pero no podemos hacer nada contra el destino de tu amada. Hoy cuando el último rayo de sol se esconda, morirá.

Al atardecer, el caballero y su amada esperaban el desenlace anunciado. Miraban caer el sol esperando el final, o un último milagro.



Y el sol se iba hundiendo cada vez más detrás de la montaña. Enloquecido y ciego de dolor y rabia, Roldán subió hasta la cima para arrancar a la montaña un pedazo por el que se colara el último rayo de sol y alargar así la vida a su amada. Cogió su espada y de un tajo cortó un pedazo de montaña que salió por los aires. Tal fue la fuerza del guerrero que la gran mole de piedra fue a parar a la playa donde el oleaje la fue arrastrando hasta que a dos millas del litoral quedó anclada en un banco de arena.



Pero Roldán solo consiguió unos minutos más porque el sol acabó por ocultarse por completo. Corrió a por Alda y la cogió en brazos, todavía le quedaba un último aliento. Roldán miró hacia la playa y vio que la luna se reflejaba en el agua. Como loco entró en el agua con Alda en brazos camino del trozo de montaña que ahora era una isla. Desesperado buscaba la luz plateada que la luna reflejaba. Nadando hacia la isla murieron los dos.

Desde entonces el último rayo de sol ilumina todas las noches el filo plateado de Durandarte al fondo del mar, en un lugar secreto entre la isla y la playa.

4 comentarios :

Anónimo dijo...

les encantara a tus sobrinos

Anónimo dijo...

Preciosa leyenda. Besos. Seronovesientas.

Anónimo dijo...

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Christian, iwspo.net

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- Kris