12 octubre 2006

Cuaderno patagónico V

Después de unos dias desconectada de la red vuelvo a esta bitácora para relatar mis últimas jornadas de viaje. El sexto dia tiene como objetivo uno de los parques nacionales chilenos más grandes, el Queulat ( en mapuche, tierras lejanas). Tenemos un trekking corto, pero al final bastante accidentado. Seguimos el sendero para llegar al Ventisquero Colgante (un glaciar), y nos encontramos con la mágica selva valdiviana. Esta vegetación se da por encima de los 3500 milimetros de lluvia por metro cuadrado. Imaginar lo que llueve aquí y lo que nos cayó encima. Todos los árboles están tapizados de líquenes y plantas con aspecto primitivo (helechos gigantes y las nalcas, que parecen hojas de otro planeta, o sacadas de un libro de Julio Verne). La travesia fue dura por las condiciones metereológicas, pero cuando llegas arriba del todo y ves el primer glaciar de tu vida, !que quereis que os diga! Se te van todos los males.
Al dia siguente, despues de una noche reparadora en el albergue de una española, nos espera camino en ruta y una sorpresa. Una nevada impresionante. Son las consecuencias de la primavera austral.Parece ser que este año el verano aqui se hará esperar. El pasisaje se ha transformado por completo. El blanco ha cubierto todo. Nos habian advertido que aqui las cuatro estaciones se pueden suceder en un breve espacio de tiempo, pero esto ha sorprendido incluso a nuestros cicerones particulares, Paula y Nano.A quien no parece importarle es a un zorro colorado que anda por al nieve desafiante como un modelo de pasarela.
Volvemos a cruzar la frontera. Hoy rodeamos un mismo lago compartido por los dos paises. El General Carreras para los chilenos, y el Buenos Aires,para los argentinos.
Seguimos por la mítica ruta 40 y la carretera austral. Aqui hay tramos rectos de casi cien kilometros. Carreteras por aproximación, porque aquí el asfalto casi no existe. Los caminos están hechos del "nunca bien ponderado ripio", es decir, piedras.