13 septiembre 2008

Paseando por el Fish River Canyon

Entramos en Namibia. El paso fronterizo ya deja ver las diferencias económicas entre estos dos paises. En la parte de Sudáfrica la carretera es de asfalto, cruzas la barrera y te encuentras con un camino de tierra ( primer reventón del viaje). Los primeros kilómetros ya te dejan claro que las condiciones climatológicas y geográficas le conceden al país una inhóspita belleza. Su extensión es dos veces España, pero solo hay 1,8 millones de personas.



Hemos empezado el viaje por Namibia con un trekking por el Fish River Canyon, el segundo cañón más grande del mundo después de el del Colorado. Solo hacemos un trecho, el trekking entero dura 4 dias, podeis imaginar como es el cañón. El paisaje es espectacular, la piedra es de color bronce cuando la calienta el sol, y las hierbas ya secas son de un amarillo pajizo. Al fondo el río de color verde recoge el silencio que hace millones de años compartieron los bosquimanos, los san. En algunas rocas de dolorita negra hay dibujos, petroglifos relacionados con el poder del agua.



En medio del camino vemos tres steenbok saltando por los riscos. En los últimos kilómetros vemos la puesta de sol y llegamos ya de noche a la granja donde dormimos. Nyanga , nuestro cocinero, nos ha preparado carne a la brasa y unas pequeñas calabazas verdes y redondas rellenas de queso. Después Gorka ha preparado Caipiroska y hasta algunos se han arrancado a bailar. Liam, la nieta de la granjera holandesa ha dado mucho juego, lo hemos pasado bien.

Nuevo día, y a las 7 a la carretera. Esta vez pillamos un trozo recien asfaltado, pero de nuevo casi no nos cruzamos con nadie en el camino, no es raro, aquí salen a dos habitantes por kilómetro cuadrado.

Entramos en la zona diamantina de Lüderitz, y nos encontramos con los primeros animales que parecen se han colado en esta historia, son los caballos salvajes del Namib, hay muchas teorías sobre que hacen aquí. Si eran del ejercito alemán, si se escaparon de un cargamento que vino en barco, etc.


Llegamos al puerto de Luderitz, el primer asentamiento alemán en la costa austral de África. Esta ciudad asentada en la árida y ventosa costa del desierto de Namib tiene la nostalgia de aquellos primeros pobladores, cazadores de ballenas, y después también aventureros en busca de fortuna. Nunca imagine que esta parte de Africa tuviera tanta relación con los diamantes. Su descubrimiento a principios del siglo pasado la transformó completamente. De esta época datan las numerosas edificaciones coloniales que encontraremos en Lüderitz.
Nos vamos a cenar langosta al Ritzys, recomendado por la Lonely Planet.



A la manaña siguiente (dia 8 del viaje) hemos partido en velero para explorar la bahía en busca de delfines, focas y pingüinos. Aguas heladas y playas intactas conforman el paisaje. El viaje en velero ha sido un placer a pesar de la temperatura. Nunca imaginé que en Africa se pasara tanto frío, desde las siete de la tarde a las once de la mañana no nos quitamos el forro polar. Hemos tenido mala mar pero hemos visto focas y delfines. A pocas millas del puerto hay grandes barcos con una especie de turbinas flotando. Extraen diamantes del mar, no tenia ni idea. Ahora Namibia extrae el 60 % de estas piedras de los fondos marinos ( aquí la actividad minera esta repartida al 50 % entre el gobierno y De Beers).

A pocos kilómetros de Lüderitz, llegamos a Kolmanskoppe, también conocida como la ciudad fantasma. Fue, hace tiempo, el punto principal de la búsqueda de diamantes que atrajo a miles de buscavidas. Abandonada cuando los ricos yacimientos se agotaron, sus edificaciones hoy están la mayoria invadidas por las arenas del Namib. Pero son el reflejo de una parte importante de la historia del país. Se pueden ver todavia la bolera, el gimnasio y un teatro. La caida de la venta de diamantes tras la I GM y el descubrimiento de filones mas ricos cerca del rio Orange parece que se quieran tragar la historia, como la arena.

La guia nos cuenta historias curiosas, como que a los mineros les cerraban la boca mientras trabajaban para que no se escondieran o tragaran ningún diamante.

Dormimos en el refugio de Aus y antes de cenar hemos ido paseando hasta un skope para ver la puesta de sol.



Lo comentamos entre el grupo, aquí observar el cielo o una puesta de sol es un espéctaculo, en Europa ni te paras a pensarlo. Aquí el tiempo se mide de otra forma, la luz del sol marca el día, y todo lo observas con infinita calma. Desnudas de importancia todas las cosas, todos los problemas, y el pulso se desacelera.
Una partida de cartas, la cena y unas copas de vino , y a la litera. Hoy dormimos todos juntitos. Ya veremos quien es el que más ronca.

2 comentarios :

Txema Rico dijo...

jooo Pilareta, como sigas con estas magníficas crónicas viajeras vas a conseguir que me plantee seriamente enfocar algún que otro de mis próximos viajes hacia el hemisferio sur...Me alegro que lo estés pasando bien!!! Un beso.

Boro dijo...

No t preocupes por las faltas,el contenido lo eclipsa todo, baronessa Blixen.
CUIDATE QUE CON TANTA COMIDA, VAS A VENIR MAS APAÑADITA.