22 septiembre 2008

El delta del Okavango

Atravesamos la reserva de Mahango antes de entrar a Botswana, y una vez cruzamos la frontera entramos al delta del rio Okavango, Un oasis de 15.000 km cuadrados. Llega uno de los momentos más esperados por mi en este viaje.. Aquí he vuelto ha tener la sensación que ya tuve en el cráter del Ngorongoro, en Tanzania, la sensación de estar en el último de los paraísos, en esos escasos ecosistemas privilegiados que todavía no han sido domeñados por el hombre.



Durante dos días hemos disfrutado de este jardín donde la vida salvaje palpita en cada rincón. Es el tercer río más largo de Africa y el único en el mundo que no desemboca al mar, sus aguas se pierden filtradas por las sedientas tierras del Kalahari. Una desaparición que muchos investigadores niegan, y hoy en día se continua buscando donde va a parar tal cantidad de agua. Subimos en un lancha rápida, dos horas de camino que nos dejan casi anestesiados para este subidón de paraíso en vena. Navegamos por una especia de gran canal central (y eso que estamos en la estación seca) y en los márgenes, una tupida selva de papiros verdes enmarcan el paisaje. El agua es transparente, casi como en el mar. Dicen que es uno de los rios más limpios del planeta, son los nenúfares que flotan sobre el tapiz de agua y hacen de filtro natural.



No tarda en llegar la primera sorpresa de la mañana. Aparecen en las riberas los primeros cocodrilos. Son pequeños, pero impresionan. Son la primera muestra que el delta está lleno de vida, tanto abajo ,como encima de la lámina de agua. Y , de repente, la sorpresa. Un bicho de tres metros toma el sol en la orilla. Nos acercamos hasta casi tocarlo con la mano y en un segundo , se zambulle. Ha sido brutal, rozando el miedo ( que se lo digan a Cristina). Tenemos más suerte y vemos otro de las mismas dimensiones, volvemos a acercarnos y Rubén lo graba en video (espero que lo cuelgue y poder bajarlo al blog).



Continuamos por el delta, pero esta vez hay que dejar el curso principal para navegar por canales más estrechos, y para eso nos subimos a los mekoros. Son las embarcaciones tradicionales de los nativos Bayei, una tribu de cazadores acuáticos.



Navegamos casi a ras de agua, entre nenúfares y una rica vegetación acuática. Nos esperan dos horas de navegación que se alargan debido a las paradas. Hay elefantes en el agua. Esto es impresionante. Primero los oyes chapotear, luego los ves entre los papiros. Este es su territorio y nosotros tenemos el ceda el paso. Esperamos alejados a que crucen por el canal donde nos encontramos.



Después de comer y una siesta super reparadora a la sombra de un gran árbol hemos cogido de nuevo los mekoros. Vamos en busca de hipopótamos. Diana dice que el paseo por el delta es como si te dieran un masaje, y tiene razón, es relajante para el cuerpo y para el alma. Hemos oído los hipos casi al lado, suena como cerdos de 500 kilos, me recuerdan a las sirenas de los ferrys. Dicen que son los animales que más muertes provocan. Al final, justo antes de la puesta de sol hemos visto uno bañándose muy cerca. Asoma la cabeza con las dos orejitas tan desproporcionadas si se compara con el resto del cuerpo. Es el único animal que da miedo siendo tan anatómicamente cómico.

Después de esta sorpresa hemos tenido una puesta de sol de postal africana. El cielo estaba violeta por arriba y anaranjado en la franja que toca la línea de vegetación del delta. El agua del Okavango devuelve esta paleta de colores con un reflejo púrpura metalizado. Huele a atardecer especial, aunque también se percibe el olor un poco agrio de la arena embarrada de las orillas. Pero esto es Africa, y este continente entra por los cinco sentidos.



Hoy tenemos acampada libre en una de las islas en el corazón del delta. Es lo mejor en hosteleria, no tengo duda, la habitación con vistas aquí no tiene comparación. Cenamos alrededor de una hoguera, y dormimos como todas las noches, con las ventanas de la tienda abiertas, solo con la mosquitera. Para dormir mirando la luna y las estrellas, en este cielo del hemisferio sur.