19 febrero 2013

No hay paracetamol para el dolor laboral.

Extracto del artículo de ROSA MONTERO : Del amor y del odio. Tan real ahora mismo en el ambiente laboral que da miedo comprobar que ese dolor social del que habla, ya lo estamos padeciendo.

Yo diría que hay dos maneras extremas de relacionarse con el mundo; por un lado están aquellos que siempre se sienten en deuda con los demás y culpables de todo; por el otro, las personas que creen que el universo entero está en deuda con ellas y que son merecedoras de muchísimo más (una demanda insaciable). Ambas posiciones son profundamente patológicas y, por fortuna, creo que la mayoría de los humanos se mueve en algún lugar intermedio entre los dos polos.

Como es lógico, la tremenda crisis que estamos viviendo también tiene un fuerte impacto emocional en el terreno de las relaciones con los otros. Quiero decir que nuestras tendencias naturales se exacerban: por ejemplo, la persona de tipo más bien culposo que sigue manteniendo su empleo mientras todos sus amigos se quedan en paro (o mientras la mitad de su oficina es despedida), puede caer en un remolino de angustioso remordimiento, como si él o ella fueran los causantes de tanto destrozo. Y lo peor es que este tipo de culpabilidad enfermiza no sirve para nada, sólo desasosiega y paraliza. Por el contrario, la gente con tendencia al narcisismo puede ver alimentado su egocentrismo cuando padece reveses e injusticias. Estamos atravesando tiempos de enorme dolor social, y el sufrimiento, cuando es extremo, puede romperte.


(El País, Rosa Montero)

2 comentarios :

dapazzi dijo...

Todos tenemos cierta tendencia a la imbecilidad. Algunos no consiguen superar esta atracción natural y caen en el agujero negro, y otros luchamos diariamente para liberarnos con más o menos éxito del abismo.

A título individual lo peor que te puede pasar es ser imbécil, pero lo siguiente en grado de desgracia es enamorarte o tener una relación personal próxima con un imbécil, y no hablo de novios de pareja, sinó que me refiero a toda la serie de noviazgos que cultivamos a lo largo de nuestra vida, compañeros de curro, jefes y jefecillos , tarados y vecinos, etc...
Es por ello que hay que dedicar tiempo a intentar detectar con prontitud este tipo de personas que te pueden aplastar la vida.

Fernando Savater en “Ética para Amador”, libro dedicado a su hijo y que pretende ser una guía para adolescentes respecto a lo importante de la vida, hace una clasificación que me parece muy interesante y que no transcribo de forma exacta ni completa porque no me quiero enrrollar, pero que más o menos establece estos tipos.

a) Aquellos que no saben lo que quieren, ni les importa el averiguarlo.
b) Aquellos que todo lo quieren, tan solo por ansia de poder.
c) Aquellos que saben lo que quieren pero no ponen suficiente empeño en conseguirlo, no luchan por ello.
d) Aquellos que siempre quieren lo que opina la mayoría, o justamente lo contrario, siempre están en contra de lo que opina la mayoría.
Y bla,bla,bla....
Baci cara.

Pilar Llorca dijo...

Caro mio,
quanta raó tens! Crec que ens veiem este cap de setmana. Vos necessite més que mai per animar-me.