19 agosto 2007

Cuaderno turco final

De nuevo estoy en Estambul, punto de partida y llegada de este viaje. Antonio Gala dice de esta ciudad que es contradictoria, moderna y antigua, lujosa y piojosa, cutre y luminosa. No hay mejor definición. Solo tienes que patear por algunos de sus barrios: el tradicionalista y conservador Fathi, el moderno Beyoglu, el multicultural Ortaköy,etc. Estambul es una ciudad para patear y no morir en el intento. No te la puedes acabar y siempre te esperan nuevos encuentros sorprendentes, ahí radica su poder de atracción.

La antignua Bizancio, la poderosa Constantinopla, mantiene hoy en dia, a pesar de los pesares, su orgullo de imperio poderoso intacto. Se hace patente en la omnipresente bandera turca. La luna nueva y Venus sobre fondo rojo la encuentras en cada rincón. Ese orgullo, que Kemal Atatürk pide a los turcos desde sus estatuas, lo confirmé en este viaje. Muchos te dicen que no entraran en la UE al precio que se les marca.

Orgullosos y hedonistas, los turcos hacen del placer su màxima de vida. Se explica en mil detalles. Hasta en el nombre de las berenjenas. Las "iman bayldi", deben su nombre a un sacerdote musulmán que se desmayaba de placer cada vez que aspiraba el humo del plato en cuestión. También en el ritmo de vida estambolita. Entre las cinco oraciones del dia, el café o el té turco de turno, y la partida de Backgammon, podeis imaginar que se relajan bastante.

Se acaba mi viaje por Turquia. Me queda el sabor salado del ayran (el yogurt líquido), el color de las mazorcas y las rosquillas de sésamo (simit) de los puestos callejeros, la llamada del almuecin desde cada mezquita, la melancolia de los arrendadores de basculas de baño, y los gatos paseando por las terrazas en los alrededores de la torre Gálata.

Y para acabar este cuaderno de viaje os dejo este dicho turco : "El mundo es una rosa. Respírala y pasásela a tu amigo"