09 abril 2013

Adiós a Jose Luis Sampedro

Como homenaje a todo un señor, de palabra y de pensamiento, os dejo estos fragmentos de dos novelas que me encantaron.

La vieja Sirena 

- Fui sirena – pronuncia temerosa junto a la oreja adorada -… ¿Me oyes? Fui sirena.
No puede callarlo. ¡Es la vida que está viviendo! Imposible no gritarla. Ahram vuelve la cabeza sobre la almohada. ¡Qué cerca le quedan esos ojos glaucos, ahora claros y profundos!
- Necesito que lo sepas, darte todo lo que soy… Sirena de verdad, en la mar, con mi cola de pez… Luego me hice mujer – concluye con un suspiro.
Ya está, es irremediable. ¿Ha hecho bien? Trata de interpretar la expresión de ese rostro, a contraluz de la ventanita. El Hombre al principio sólo había recogido en su oído la miel de la voz. Ahora ha captado el sentido y reacciona en tono alerta, incrédulo. – ¿Cómo has dicho?
Aún podría ella echarlo a broma. Pero ni se le ocurre. Rápidamente, en pocas palabras, explica que lo había olvidado, que por eso no sabía de su infancia, pues no la tuvo. El hombre se incorpora sobre el codo, inclinado hacia el cuerpo tendido a su lado. Clava la mirada en esos ojos, ahora un poco asustados, implorantes. El pecho viril se acerca y oprime suavemente el seno derecho; la boca bajo el bigote desciende a los labios desnudos, se demora en ellos un cálido instante, sin penetrar con la lengua, solamente rozando con ternura:
- En ti todo es posible… Tenía que ser así. ...

La sonrisa etrusca

"En el museo romano de Villa Giulia el guardián de la Sección Quinta continúa su ronda. Acabado ya el verano y, con él, las manadas de turistas, la vigilancia vuelve a ser aburrida; pero hoy anda intrigado por cierto visitante y torna hacia la saleta de Los Esposos con creciente curiosidad. "¿Estará todavía?", se pregunta, acelerando el paso hasta asomarse a la puerta
Está. Sigue ahí, en el banco frente al gran sarcófago etrusco de terracota, centrado bajo la bóveda: esa joya del museo exhibida, como en un estuche, en la saleta entelada en ocre para imitar la cripta originaria. Sí, ahí está. Sin moverse desde hace media hora, como si él también fuese una figura resecada por el fuego de los siglos. El sombrero marrón y el curtido rostro componen un busto de arcilla, emergiendo de la camisa blanca sin corbata, al uso de los viejos de allá abajo, en las montañas del Sur: Apulia o, más bien, Calabria"

2 comentarios :

dapazzi dijo...

Salve cara siaamo una altra volta a casa.
Aunque San Gimignano es nuestra segunda casa que volveremos por la fiesta del palio.... con voi.
(mira mi blog.)

Pilar Llorca dijo...

a vore si es veritat, que esta vegada m'ha quedat en terra.
Ara vaig al teu blog.