27 octubre 2009

Agora



Bueno, por fín, ya pensaba que era la única persona en España que todavía no había ido a ver Ágora. Pues anoche, con nocturnidad y alevosía, me senté en la butaca de la sala de cine a dejarme extasiar por Alejandro Amenabar, ese chico al que he seguido fielmente desde su espléndida y hitchcockniana ópera prima, Tesis.

Fui sin haber leído nada, sin escuchar tampoco a nadie hablar sobre la película. Quería llegar virgen y limpia a la pantalla. Y “tatachan”, delante de mi una peplum a todo trapo, con millones en escenarios, vestuario y extras. La puesta en escena es bestial. Las secuencias de masas, la perfecta combinación de maquetas y efectos especiales nos hace pensar que podríamos estar detrás de una producción de las Majors americanas, pero detrás no está George Lucas o James Cameron, sino el chico de Madrid que no acabó la carrera porque le suspendieron en Realización.

Yo no se cuantas licencias históricas se ha permitido, ni me importa. Me es igual que fuera Kepler el descubridor de la teoría elíptica que Hipatia. Y creo que a Amenazar también. Pero si que se sirve del tema del conocimiento para entroncar diferentes líneas , temas vigentes en la actualidad a pesar de los siglos que separan a la historia de Hipatia de este siglo XXI. La tolerancia, la política, la ciencia y el fanatismo en la religión, y hasta los amores imposibles. Y de todo ello se sirve para contruir este cuento. Pero, ahí va mi "pero", falla en algo muy importante, algo que si que ha estado presente en sus películas anteriores, la provocación, en el sentido de originar en el espectador una reflexión, o una emoción.

Ni siquiera el final me “tocó”. Hubiera visto más emotivo que Davo se matara junto a Hipatia.

Pero bueno, en definitiva, es una película de la que creo que Amenazar se debe sentir orgulloso, al menos es un tío que no tiene miedo a experimentar en otros géneros, en arriesgados proyectos, y eso siempre le servirá para crecer.

Y atención a la nueva generación en las guarderias, nos encontraremos a más de una Hipatia.

P.D : se nota que el chico es de la generación Google Hearth, de los que nos quedamos atontados un día viendo que por la ventanita de nuestro ordenador podíamos explorar por el mundo hasta llegar a nuestra casita.

4 comentarios :

BORO. dijo...

Estimada Pilar, yo fui el sábado pasado y fue terrorífica, lenta repetitiva falta de recursos. Vamos eso parecía la serie cuéntame pero a lo Cleopatra.
Menudo bombo pa NÁ.
QUE ME DEVUELVAN MI DINEROOOOOOOOOOOOOOOOOO.

Anónimo dijo...

Uf¡ Pues a mi me parece una película maravillosa, que no se si inventa o no inventa pero que explica la esencia del ser humano, como en cuestión de segundos somos capaces de amar y matar...y del daño que hacen los fanatismos, no se,a mi me encantó...MC

sergio dijo...

Querida Pilar...en cuanto al final, que Davor se suicidara, no hubiera sido más emotivo sino más previsible, romanticón y totalmente incompatible con la personalidad de ese personaje, quien se alinea del lado cristiano como forma de obtener libertad y para vengarse de sus esclavistas, pero que en el fondo de su corazón no desea el sufrimiento de su amada, a pesar de que ésta sea una de ellas.
Un saludo, y ánimo para Boro...pocas oportunidades tendrás de disfrutar en el cine si esta peli no te gustó. Siempre nos quedará parís...

BORO. dijo...

Estimado Sergio, a mi me gusta muchisimo el cine, eso no quiere decir que me tenga que gustar todo lo que echan.
Eso és como la cocina, prefiero una buena pizza, que toda la comida francesa.
SALUDOS. (I, SI QUEDA ALGO MEJOR, "ROMA")